Vuelvo con la matraca de las vacaciones. Vale, ya se que soy una pesada, pero yo me he pasado muchos ratos buscando cosas sobre este asunto, y si ahora puedo poner algo que le sirva a algún interesado en ello… pues me daré por satisfecha. Y el que no quiera, que no lo lea, y yastá.
Bien. Pues vamos a ver los barcos.
Hay muchos modelos: grandes, pequeños, más lujosos, normalitos… y como nosotros vamos a ser un ciento de gente, vamos a necesitar dos. Porque no hay barcos tan grandes como para que entremos todos en uno. Así que hemos reservado dos: uno para seis y otro para siete personas. Es verdad que hay alguno que anuncian como para doce personas; y teniendo en cuenta que nuestro tripulante número trece será un bebé de ocho meses (que aún no ha llegado a la familia), tal vez nos hubiéramos acomodado. Pero también es cierto que habríamos alcanzado un grado de hacinamiento próximo al nivel patera. Y tampoco es eso; que para una vez que nos soltamos el pelo, hay que procurarse un mínimo de confort, o si no se queda uno en casa.
Te aconsejan -además- que, si puedes, cojas siempre un barco con más capacidad que la que necesitas, porque el espacio es un tanto reducido, y si hay que hacer la transformación del salón en dormitorio cada noche, al final se hace muy pesado el viaje.
Y ahora viene lo más importante: la foto.
Este es el barco pequeño; eslora 9,20 m. y manga 3,50 m. y la distribución de los camarotes es la siguiente:
Observen el dominio que demuestro en cuanto a la jerga náutica: babor, estribor, manga, eslora, camarotes… me estoy convirtiendo en un auténtico lobo de mar (de agua dulce, juas juas!).
En la próxima entrega: foto del barco grande.

