
No es la película de miedo, aunque algo de miedo sí que dan esas bandadas de gaviotas. Que están ahí mismito, al lado de los peatones que atraviesan el puente. Y es que hay un hombre que todos los días, hacia el atardecer, se asoma al pretil y les arroja comida. Comida que previamente rebusca en las basuras. (Vamos, ¡un asquito!).
Y como los animales son tan listos, pues ahí se ponen, un ratito antes, a esperar el rancho.
La pregunta es: ¿y si un día no viene ese presunto «benefactor»? ¿Atacarán a los viandantes a fin de suministrarse de su ración diaria de comida?
Seguro que Hitchcok estaría encantado ante el espectáculo, pero a mí, francamente, no me dejó nada tranquila.