30 /Diciembre/2003

LAS UVAS DE LA ¿SUERTE?

Este año volveré a pelearme con las doce uvas. A pesar de que no me creo estas cosas de los horóscopos, las tradiciones, la buena/mala suerte… pero la cosa es que volvemos a caer en la misma trampa.

Y, además, ya empezamos mal el asunto. Vas al supermercado, y las uvas están a precio de angula, pero angula de lomo negro, y encima, no es el mejor momento para esa fruta. Total, ¡que están malísimas! Claro que hay alternativas: venden unas uvas enlatadas… peladitas y a punto para comer. La verdad es que no las he probado, pero me da a mi que tienen que estar… ¡asquerosas! También he visto unas copas de cava, de las altas y estrechas (plástico, claro), con sus doce uvas dentro y envueltas en papel de celofán, con su lacito dorado y todo… éstas son asquerosas por la cursilada. O sea, que lo que es para elegir, tenemos.

Al final, te vas a tu casa con tu cosecha de uvas que ni Falcon Crest.

Y que conste que no dejo de tomar las uvas porque si empiezas a mirar por ahí (el Google te enseña de todo), la alternativa que hay es que tengo que ponerme ropa interior amarilla o roja (parece que en el color hay discrepancias); salir de casa después de las doce con las maletas (con lo incómodo que está sacarlas del altillo… y luego hay que volver a guardarlas); poner esas tres pequeñas piedras (si yo no voy al campo, hombre!) que simbolizan salud, amor y dinero; tener que brindar con un anillo de oro metido en la copa (seguro que me lo trago!)…

O sea, que ahí me pondré, concienzudamente, una tras otra -generalmente no paso de las 6 ó 7- y a esperar al 31 de diciembre de 2004. Que, lamentablemente, llegará enseguida.